⚠️ Todavía no hay dónde inscribirse. Lo que sigue es el borrador de las reglas, publicado para poder leerlas y discutirlas antes de que el programa exista. Hoy no repartimos códigos, no hay ventas registradas a nombre de nadie y no hay panel donde mirar lo tuyo: si llegaste buscando un formulario, no lo hay.
El día que abra, estas serán las condiciones, con lo que cambie de aquí a entonces. Faltan además la razón social y el NIT, y falta que un abogado lea el documento entero, empezando por la sección 1.
1. Antes de empezar: qué es esto
El trato cabe en una línea: te damos un código, quien lo escribe al comprar paga menos, y de esa venta te queda una parte. Todo lo demás en esta página es el detalle de esa línea, contado en el orden en que ocurre.
Pero antes hay que dejar claro qué clase de relación es, porque de eso cuelga lo que puedes esperar de nosotros y lo que nosotros podemos esperar de ti. Va aquí, en la primera sección, y no escondido al final: es la parte con más consecuencias económicas de todo el documento.
No eres nuestro agente comercial, y esto es lo que ocurre en realidad
En Colombia esto no lo decide el nombre que lleve el papel, sino cómo se comportan las dos partes en la práctica. Así que en vez de declarar que no hay agencia comercial, que sería una declaración vacía, dejamos escrito lo que de verdad pasa aquí:
- La venta la cierra el sitio, no tú. El comprador cotiza solo, paga en nuestra pasarela y recibe el certificado de nuestra mano. Tú no negocias precios, no recibes su dinero, no emites nada y no podrías comprometernos ante un tercero ni queriendo.
- Quienes compran no son tu cartera. Llegan a nuestro sitio, compran ahí y siguen siendo clientes nuestros. No hay una clientela que conquistes ni que administres, y ni siquiera te pasamos sus datos (sección 9).
- Nadie te entregó un territorio ni una línea de producto. No tienes una ciudad, ni un nicho, ni un plan asignado. Tampoco se te prohíbe ninguno.
- No hay permanencia que cumplir. Ni plazo, ni meta, ni obligación de publicar cada tanto. Esto se acaba el día que cualquiera de los dos quiera, y cómo se acaba está en la sección 8.
- Y no hubo encargo, que es donde empieza todo. Nunca te pedimos que promovieras nada. Recomiendas si te apetece, cuando te apetece, y no recomendar nunca no incumple una sola línea de este documento.
Tampoco es un empleo —no hay horario, ni jefe, ni subordinación— ni una franquicia, ni una sociedad entre los dos.
Y por si alguien lo viera de otro modo. Si algún día se calificara esta relación como agencia comercial, el Afiliado renuncia aquí —de forma expresa y sabiendo a cuánto puede ascender— a todo lo que el Código de Comercio reserva para el agente en su artículo 1324: la prestación del inciso primero, esa doceava parte por año que se paga cuando el contrato acaba, y la indemnización equitativa del inciso segundo. Se renuncia al entrar y no después. Al terminar no se debe nada distinto de lo que ya se hubiera causado, que es lo que explica la sección 8.
⚠️ Esta es la sección que un abogado tiene que leer primero. Abre el documento porque es la que más dinero mueve si se equivoca, no porque esté resuelta. Dos cosas la complican: que los jueces miran la realidad de la relación y no lo que diga el papel —de ahí que la lista de arriba cuente hechos y no adjetivos—, y que la renuncia del inciso segundo se discute bastante más que la del primero.
2. Alguien compra con tu código
Aquí empieza la venta y de este instante cuelga el resto: si el momento no queda registrado, después no hay nada que liquidar.
El mecanismo completo es el código, tecleado en el formulario antes de pagar. Al crear la orden miramos si ese código existe y si está activo; si lo está, la orden queda a tu nombre en ese mismo segundo. No hay nada más.
Quien lo escribe se ahorra un 5%, que es la razón por la que la gente se molesta en escribirlo. Tú no tienes que pedirlo ni activarlo: viaja con el código.
Lo que no hay, y más vale saberlo hoy
No guardamos tu enlace en el navegador de nadie. Muchos programas prometen una ventana de treinta días: quien entra por ti cuenta como tuyo aunque compre semanas después. Aquí no existe eso ni el rastreo que haría falta para sostenerlo. Sin el código escrito la venta no queda a tu nombre, por mucho que la persona llegara gracias a ti. Es más incómodo decirlo ahora y sale muchísimo más barato que descubrirlo cuando falte una comisión.
- Cada orden se cuenta a un solo código. No se reparte entre dos.
- Una vez pagada ya no se le puede añadir, y tampoco lo añadimos nosotros a mano por mucho que insista el comprador.
- Si el código entró pero la rebaja no se aplicó, la venta es igualmente tuya. Un fallo nuestro al calcular el descuento no puede costarte a ti la comisión: el comprador pagó de más y eso lo arreglamos con él, no contigo.
3. Qué se te queda de esa venta
Tres números deciden cuánto ganas. Los dos primeros son los de cualquier programa; el tercero casi nadie lo publica, y es el que explica por qué hay ventas que no pagan comisión.
- 10% — lo que te queda de cada venta hecha con tu código.
- 5% — lo que se ahorra quien lo escribe.
- $8.000 COP — la utilidad mínima que tiene que dejar un certificado para que encima quepa tu comisión.
Sobre qué se calcula ese 10%
Sobre el dinero que el comprador puso de verdad: precio ya rebajado por tu código y sin impuestos. No sobre el precio de lista, que es un número que nadie llegó a pagar.
Y se mira certificado por certificado, nunca por orden. Aquí cada viajero lleva el suyo, así que una compra familiar de tres personas son tres cuentas separadas, y puede perfectamente pasar que dos paguen comisión y la tercera no.
Por qué existe un piso
El 5% del comprador y tu 10% salen del mismo bolsillo y suman 15 puntos de cada venta. Un plan barato de cuatro días no deja 15 puntos. Sin un piso habría certificados que se venderían únicamente para pagar una comisión, y eso dura exactamente hasta que el programa se cierra.
Por cada certificado: lo que pagó el viajero, menos lo que nos cuesta el plan, menos tu comisión. Lo que sobra es la utilidad de esa línea.
- Llega a $8.000 COP o lo pasa: la línea paga comisión con toda normalidad.
- Se queda por debajo: esa línea no paga comisión. El descuento del comprador no se toca; lo que no hay es comisión encima.
Con qué dólar se hace esa cuenta: el plan se compra en dólares y la tasa cambia a diario, así que la utilidad de una misma línea da resultados distintos según el día en que se mire. Se congela la tasa del día en que se vendió y no se vuelve a tocar. Una liquidación cerrada no se rehace porque el dólar haya subido el martes siguiente.
4. Cuándo se vuelve dinero tuyo
Podríamos contarte la comisión desde que entra el pago. Suena mejor y funciona peor: entre el pago y el certificado todavía se puede caer todo —un dato imposible, un viajero fuera de rango, una orden que el proveedor no acepta— y un programa que suma comisiones por certificados que nunca salieron termina quitándolas después, que es lo que de verdad enfada.
Así que la comisión nace cuando el certificado ya salió y la orden está pagada. Las dos cosas, no una. Emitimos a mano, en minutos y dentro de nuestro horario, de modo que en la práctica casi siempre ocurren el mismo día.
Nacer no es cobrar. Lo que nace se acumula hasta el corte, y el corte es la sección 5.
Las ventas que no llegan a nacer
Ninguna de estas es un castigo: son ventas de las que no salió el dinero con el que se paga una comisión. Van agrupadas por el motivo, que es lo que suele faltar cuando alguien pregunta.
Porque el dinero no llegó, o se devolvió:
- la orden que se creó y nadie llegó a pagar;
- la que se canceló antes de que emitiéramos;
- la que se reembolsó, entera o en una sola de sus líneas;
- la que terminó en contracargo;
- el certificado anulado antes de que arrancara su vigencia, sea cual sea el motivo.
Porque esa línea no dejó de dónde pagarte:
- los certificados que se quedan por debajo del piso de la sección 3.
Porque no es una venta que este programa pague:
- lo que compras tú y lo que compra tu casa. Te reconocemos por el correo y el documento con los que te registraste;
- aquellas en las que el código apareció cuando la compra ya estaba hecha;
- y las conseguidas con alguna de las prácticas que prohíbe la sección 7.
5. Cuándo lo cobras
Una vez por semana y sin condiciones para retirar. El mínimo de giro que usa casi todo el mundo —«te pagamos cuando acumules cien mil»— es una manera discreta de quedarse con el dinero de quien vende poco y se aburre. Aquí no lo hay: si el corte te dejó una comisión sola, se gira esa sola.
- El corte es los viernes a las 5:00 p. m., hora de Colombia. Entra todo lo que haya nacido hasta esa hora; lo que nazca cinco minutos después espera al viernes siguiente.
- Se paga por transferencia a la cuenta que nos registres. Esos datos los pones tú y respondes por ellos: un giro que sale hacia un número mal escrito se pierde ahí, y no se repite.
- Los impuestos que te correspondan por este ingreso son tuyos. Si estás obligado a facturar, nos pasas la factura.
6. Si la venta se cae después
Un reembolso o un contracargo puede aparecer semanas después de haberte pagado. Hay dos maneras de resolver eso y solo una es sensata.
Antes del corte no hay nada que resolver: esa comisión todavía no había salido de aquí, y sencillamente no entra.
Después del corte, cuando el dinero ya está en tu cuenta, la comisión se resta del corte que viene; y si ese no alcanza, sigue restando en los siguientes hasta quedar en cero.
No te vamos a pedir que devuelvas un giro. Perseguir veinte mil pesos ya gastados cuesta más de lo que valen, envenena la relación y acaba con el afiliado yéndose. Se compensa hacia adelante, contra lo que venga. Y si te vas del programa con saldo en contra, ahí se queda: no te buscamos.
La cuenta corre igual a tu favor. Si un contracargo se pelea, se gana y el dinero vuelve, tu comisión vuelve contigo en el corte siguiente.
7. Lo que puedes y lo que no
Esto cabe en un párrafo: puedes recomendarnos como te dé la gana, donde quieras y cuando quieras. La lista corta es la de lo prohibido, y cada cosa está ahí porque lo que tú publicas nos lo reclaman a nosotros.
Lo que nadie te va a pedir
- Ni un mínimo de ventas, ni una meta, ni un informe.
- Ni exclusividad: recomienda a quien quieras, competencia incluida.
- Ni una cuota para entrar, ni una compra para quedarte.
- Ni horario, ni reuniones, ni permiso previo sobre lo que publicas.
- Ni una zona, ni una lista de clientes, ni una cartera que atender.
- Ni un aviso para marcharte.
Lo poco que sí
- Di que ganas una comisión, cada vez que recomiendes. No una vez en la biografía: en la pieza, donde se vea. Una recomendación pagada que no se anuncia como pagada es publicidad engañosa frente a la Ley 1480 de 2011, las plataformas la castigan por su cuenta, y el que queda expuesto no eres solo tú.
- No prometas lo que el plan no da. Lo que sí da está escrito en las condiciones de la asistencia. Si dudas, pregúntanos antes de publicar y no después de que alguien compre.
- Recomiéndanos, pero no seas nosotros. Puedes decir que trabajas con Mi Seguro Viajero; no hacerte pasar por Mi Seguro Viajero ni atender a nadie como si fueras nuestro soporte.
- Nada de pujar por nuestro nombre en buscadores, ni dominios ni perfiles que se le parezcan lo bastante como para confundir.
- Nada de spam: listas compradas, mensajes a desconocidos, comentarios automatizados o agregadores de cupones.
Cuatro frases que no se pueden decir, y son justo las cuatro que más se dicen. Van con el numeral del condicionado que las desmiente, para que puedas comprobarlo tú mismo antes de publicar nada:
- «Es un seguro», «es una póliza». No lo es, y no lo decimos nosotros: el documento del plan lo dice en mayúsculas, «EL PRESENTE PRODUCTO DE ASISTENCIA INTEGRAL AL VIAJERO NO CONSTITUYE UN PRODUCTO DE SEGUROS, NI SE ENCUENTRA REGULADO POR ENTIDADES QUE REGULEN LOS MISMOS.» Lo que vendemos es asistencia en viaje, y no somos una aseguradora.
- «La central le paga directo al médico». A veces coordina la atención con su red y a veces reembolsa después; lo decide ella, caso por caso, y se reserva ese derecho por escrito (numeral 5.4). Lo que sí puedes decir es que se llama antes y la central decide por dónde se resuelve.
- «Cubre cualquier urgencia médica». No. Hay enfermedades crónicas y preexistentes que quedan fuera aun cuando aparezcan por primera vez durante el viaje y el viajero no supiera que las tenía —corazón, tensión, diabetes, respiratorias, huesos, neurológicas, oncológicas, renales— (numeral 16.23). Lo que queda en pie es la urgencia que ponga en riesgo la vida, hasta estabilizar los signos vitales, por reembolso y con el tope de preexistencias. Antes de publicar nada sobre coberturas, lee la sección 6 de las condiciones de la asistencia.
- «La edad no cambia nada». Sí la cambia, y callárselo a un público que en buena parte es mayor es la forma más rápida de acabar en un reclamo:
- Desde los 70 años, si el viaje pasa de 45 días: desde el día 46 todos los montos se cuentan al 25%.
- Desde los 80 años, siempre: el beneficio no pasa de 90 días, hay copago y todos los servicios se reducen un 75%.
Saltarse esto cuesta la comisión de las ventas que se hayan visto afectadas y, si se repite, la salida del programa.
8. Cómo se acaba esto
No hay contrato que cumplir ni puerta cerrada con llave. Te vas el día que quieras, avisando o sin avisar, y nosotros podemos apagar un código igual. Ninguno de los dos le debe al otro una explicación, un plazo de aviso ni un peso de compensación por el solo hecho de marcharse.
Lo que ya era tuyo sigue siéndolo: los certificados que alcanzaron a salir antes entran en su corte y se giran, estés dentro o fuera. Lo que se quedó a medio camino —una orden pagada cuyo certificado no llegó a emitirse— no madura después de la salida. Se queda donde se quedó.
9. Tus datos
De ti guardamos lo justo para poder pagarte: nombre, un contacto y la cuenta donde entra el giro. Se usan para liquidar y para girar, y para nada más. El detalle de qué derechos tienes y a dónde se escribe para ejercerlos está en la Política de privacidad.
De quienes compran con tu código no te damos nada. Verás cuántas ventas trajiste y cuánto llevas ganado; no quién compró, ni a dónde viaja, ni qué edad tiene. Son datos de terceros y varios de ellos son datos de salud: no son nuestros para repartirlos, ni siquiera contigo.
10. Si cambiamos las reglas
Un programa cuyos números pueden moverse el mismo día en que a alguien empiezan a entrarle ventas no vale el papel en que está escrito. Por eso los tres números de la sección 3 —comisión, descuento y piso— no se mueven de un día para otro: te lo escribimos al correo registrado y pasan 30 días calendario antes de que rijan. Tiempo de sobra para rehacer tus cuentas o para irte, que también es una respuesta.
Lo que ya vendiste se liquida con los números de entonces. Manda el día en que se hizo la venta y no el día en que se paga el corte: una comisión ganada en octubre se gira con la tabla de octubre aunque el giro caiga en noviembre.
11. Dónde se discute
Casi todo lo que se puede discutir aquí es una cifra, y una cifra se aclara enseñando la cuenta. Escríbenos a hola@misegurodeviajero.com y te mostramos, línea por línea, de dónde salió lo que te giramos.
Si algo no se arregla hablando, se arregla donde vivimos los dos: en Colombia y con ley colombiana. No es una elección estratégica, es la única que tiene sentido cuando las dos partes están en el mismo país.